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    La niña salta

    Oct 2, 2023

    La niña salta
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    La niña salta, lo hace para pasar el tiempo. 

    El pasto verde roza sus pies desnudos, siente el cosquilleo y sonríe despreocupada. En cada pirueta, sus cabellos dibujan formas en el aire: una flor, una estrella y cuando acelera el ritmo, hasta se pueden distinguir mariposas castañas y enruladas que intentan escapar, pero quedan enredadas entre los mechones despeinados. 

    Con cada vaivén que hace, su respiración se agita y resopla sin perder el ritmo. Quién pudiera observarla de cerca, se daría cuenta de que tiene la desenvoltura de una bailarina clásica en el escenario. 

    En cada rebote, su vestido blanco con flores amarillas, se camufla perfectamente con el paisaje campestre. 

    Ni el calor del verano hace que sus manos transpiren y así se siente segura de que el hilo entrelazado no se va a resbalar entre sus pequeños dedos. Sus piernas se juntan en lo alto y goza de la sensación de volar por un ratito. 

    Enumera cada salto, pero es tan pequeña que olvida un par de números: -” uno, dos, cuatro, diez…” 

    Frunce la nariz y entrecierra los ojos cada vez que pierde la cuenta. 

    Ondula los brazos con la misma elasticidad con la que se mueve una gelatina que acaba de desmoldarse. 

    Toca la superficie de la tierra con un pie, después con dos, pero nunca frena. A sus movimientos los acompaña cantando, un poco a los gritos y sin vergüenza: -”Yo tengo unas tijeras, que se abren y se cierran, yo toco el cielo, yo toco la tierra, yo me arrodillo y me salgo fuera...” 

    Sus rodillas casi llegan hasta su cara y ríe a carcajadas. 

    Le crujen los codos, hacen un chasquido casi imperceptible, pero ni eso la detiene. Dibuja círculos cada vez más grandes y perfectos sobre el vacío, hasta que la soga se engancha sobre sus muñecas y marca levemente su piel blanquecina. La desenrosca y vuelve a saltar. 

    Frena sorprendida al ser iluminada por los rayos lunares, mira sus pies llenos de piedritas, e intenta sacarlas a fuerza de soplidos. 

    Observa a su alrededor, se siente algo sola, se agacha y despacio se apoya en su propia lápida. 

    El silencio lo inunda todo mientras ella duerme abrazada a la soga, soñando que al otro día va a volver a saltar.

    Paula Dreyer

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