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    Eneas, desde Troya hasta Roma

    Pedro P

    Jun 23, 2023

    Eneas, desde Troya hasta Roma
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    Eneas fue un héroe troyano, hijo de Anquises y Venus, la diosa romana del amor. Era el favorito de los romanos, que creían que algunas de sus familias eminentes descendían de los troyanos que huyeron con él hacia el oeste desde Asia Menor, tras el saqueo griego de su ciudad. La advenediza Roma era muy consciente de su falta de tradición e historia en comparación con Grecia (había una notable ausencia de un pasado glorioso poblado de héroes y dioses míticos), por lo que las hazañas de Eneas proporcionaron convenientemente un medio para reafirmar el orgullo nacional. No es casualidad que el primer emperador romano, Augusto, se interesara personalmente por el mito.

    Durante la guerra de Troya, Anquises no pudo luchar, ya que quedó ciego por presumir de su relación con Venus. Pero el joven Eneas se distinguió contra los griegos, que le temían sólo después de Héctor, el campeón troyano derrotado por Aquiles. En agradecimiento, Príamo le dio a Eneas a su hija Creúsa para que la tuviera como esposa, y nació Ascanio. Aunque Venus le advirtió de la inminente caída de Troya, Anquises se negó a abandonar la ciudad hasta que se produjeron dos presagios: una pequeña llama surgió de la parte superior de la cabeza de Ascanio y un meteorito cayó cerca. Entonces, llevando a Anquises a la espalda, Eneas consiguió escapar de Troya con su padre y su hijo. De alguna manera, Creúsa se separó del grupo y desapareció. Más tarde, Eneas vio su fantasma y aprendió de ella que fundaría una nueva Troya en la lejana Italia.

    Después de navegar por el mar Egeo, donde la pequeña flota al mando de Eneas se detuvo en varias islas, llegaron a Epiro, una región en la costa oriental del mar Adriático. Desde allí se dirigieron a Sicilia. Pero antes de llegar al continente italiano, Juno, el equivalente romano de Hera, que acosó a Eneas durante todo el viaje, envió una repentina tormenta que desvió a la flota hacia el norte de África.

    Sólo la oportuna ayuda de Neptuno, el dios romano del mar, salvó a la flota del naufragio y logró que llegara a la ciudad de Cartago, el gran puerto comercial fundado por los fenicios (situado en la actual Túnez). Venus, en su intento porque su hijo consiguiera hospitalidad y comida, envió a Cupido para que Eneas enamorara a la bella reina de allí, la viuda Dido.


    Dido, que había jurado mantenerse fiel a su difunto marido Siqueo, nada pudo hacer frente a Cupido, y la flota proveniente de Troya recibio hospitalidad y amabilidad ilimitada.

    El tiempo transcurrió placenteramente para los amantes, como pronto lo fueron Eneas y Dido, y parecía que tanto Italia como el nuevo estado que se fundaría en sus costas estaban olvidados. Al ver esto, Júpiter (principal dios de la mitología romana, padre de dioses y de hombres) envía a Mercurio (dios del mar) para que le recuerde a Eneas que no son esos los designios del hado, sino que debe partir hacia Italia. El héroe, pese al dolor, obedece la voluntad divina y deja Cartago.

    Al verlo partir, Dido ordena levantar una gran hoguera, donde hace disponer la espada del héroe. Al amanecer, la reina sube y, tras hundirse en el pecho la espada de Eneas, fue consumida por las llamas.

    Cuando los troyanos desembarcaron por fin en Italia, cerca de la ciudad de Cumas, Eneas fue a consultar a la sibila, que era una profetisa de renombre. Ella lo llevó a visitar el inframundo, donde se encontró con el fantasma de su padre, que le mostró el destino de Roma. Anquises había muerto de viejo durante su estancia en Sicilia, pero su entusiasta descripción del futuro animó a su hijo. Eneas también vio el fantasma de Dido, pero no le habló y se alejó apresuradamente.

    Después, Eneas se dirigió a la desembocadura del río Tíber, en cuyas orillas se construiría siglos después la ciudad de Roma. El conflicto con los latinos, los habitantes locales, fue sangriento y prolongado. Pero terminó cuando Eneas se casó con Lavinia, la hija del rey Latino, logrando no solo la paz, sino el mítico orígen del pueblo romano.

    Pedro P

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