Hoy fue un día extraño.
Me di la oportunidad de conocer a alguien más.
Y por primera vez sentí que no estaba traicionando nada, porque entendí que el duelo de aquella relación lo había comenzado desde mucho antes de que terminara.
Tal vez porque desde el principio ya había algo dentro de mí que sabía que estaba perdiendo más de lo que estaba recibiendo.
Hoy comprendí algo que duele aceptar:
el amor que creí recibir, muchas veces era el mío reflejándose en todo.
Era mi forma de mirar, mi manera de cuidar, mi necesidad de creer que aquello también venía de vuelta.
Ese amor que pensé que era tuyo, era mío. Solamente mío.
Hoy alguien me abrazó, sostuvo mis manos y me entregó flores antes de acercar sus labios a mis mejillas.
Fue un gesto simple, pero dentro de mí provocó algo difícil de explicar.
Me sentí feliz… y al mismo tiempo extraña.
Porque recordé que cuando tú y yo comenzábamos, nunca hubo una flor antes del deseo, nunca hubo tanta delicadeza antes de querer tomar algo de mí.
Y descubrir ahora que alguien puede ofrecer ternura sin que yo la pida, sin que deba entregar nada primero, me hizo sentir una alegría pequeña mezclada con una tristeza profunda.
Como una pulsación en el pecho.
No por tu ausencia exactamente, sino por todo lo que ahora alcanzo a mirar con claridad:
cada vez que besé con amor verdadero,
cada vez que acaricié tu cabello creyendo en nosotros,
cada abrazo que di esperando sentirme cuidada también.
Todo eso era real… pero real dentro de mí.
Y aunque hubo momentos en que tú respondías, hoy entiendo que muchas veces me aferré a esos pequeños gestos para no aceptar todo lo demás.
Lo que duele no es solamente recordarte.
Lo que duele es reconocer cuánto permití, cuánto callé, cuánto daño aprendí a soportar pensando que amar también era resistir.
Ahora soy yo quien empieza a mirar mis propios pasos.
Soy yo quien toma el control de lo que siente, de lo que permite, de lo que decide.
Y duele despertar después de tanto tiempo.
Duele pensar en todo lo perdido, en todas las mentiras, en los silencios que pesaron demasiado.
Pero también sé que este dolor ya no es el mismo de antes.
Porque ahora no nace del deseo de volver, sino de la necesidad de cerrar.
Algún día tu recuerdo dejará de doler.
No porque desaparezca, sino porque dejará de tener fuerza sobre mí.
Y cuando llegue ese día, todo esto será solo una parte de mi historia…
no una herida abierta.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión