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    El infierno de los vivos

    Nov 24, 2023

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    El infierno de los vivos
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    El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos.

    Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo ya.

    La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno. Y hacerlo durar, y darle espacio."

    Ítalo Calvino “Las Ciudades Invisibles

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    Para introducirnos en el tema, es importante destacar que el sujeto con la cual el psicoanálisis trabaja, paradojalmente, es el sujeto de la ciencia. Resulta justamente de las ciencias porque es rechazado de la misma. El psicoanálisis trabaja con aquello que la ciencia no puede dar respuesta y lo forcluye del mismo, es decir, trabaja con los fracasos que la ciencia no pudo responder.

    El paciente llega al consultorio con un síntoma. Un síntoma que esta introducido dentro del discurso amo y que es universal. En el discurso amo hay un S1 en lugar del agente. La verdad que se plantea está dividida y como significante, representa a el sujeto para otro significante, que ocupa el lugar del saber, el otro de la cultura, poniendo a trabajar un goce.

    Entonces, se podría decir que el sujeto se encuentra identificado con este síntoma y llegan al consultorio con esta identificación universal, por ejemplo: “soy obsesiva”. Incluso, muchas veces el sujeto, quiere dar una larga explicación de como es vivir con ese síntoma y su enfermedad. Por lo cual, lo primero que demanda el paciente es la curación.

    Freud en su primeras lecturas explicaba que el síntoma tiene un sentido el cual había que descifrar ya que, justamente, el síntoma es un mensaje dirigido hacia un otro. Sin embargo, por más contradictorio que suene, el sujeto no quiere abandonar el síntoma. Por mucho que sufra con él, no puede abandonarlo. Esto mismo nos introduce a otra dimensión del síntoma, que es el síntoma como goce, como partener. El síntoma, no es solamente un mensaje, sino que además, le trae un beneficio al sujeto, en el cual no puede desprenderse.

    Esto último me remite a mis propias practicas en el hospital de Campaña, en la ciudad de Corriente, donde una mujer afirmaba: “yo soy argel, doctor. Si a mí me contestan mal, yo contesto mal”. Es interesante pensar como se entrama el goce en este ser argel. Además de que la paciente se identifica con este síntoma, podríamos suponer que extrae cierta satisfacción del mismo, justamente, un goce.

    Ahora bien ¿Cuál es la posición del psicoanalista? Uno de los primeros movimientos que caracteriza al analista es tratar de no verse sujetado por los discursos universales. Es decir, debe tratar de armar otro tipo de demanda en el sujeto, que no sea la demanda de curación. Precisamente el analista no debe responder a esta demanda, para que así el deseo se pueda poner en juego en el paciente. Justamente, Lacan explicaba que es eso lo que les falta a las ciencias medicas: captar el lugar de deseo del sujeto.

    Para que se ponga en movimiento el deseo, se debe patear un poco el tablero: generar una pregunta, un enigma, desestructurar lo que el paciente ya trae armado en su discurso, en el cual sea él mismo quien empiece a interrogarse sobre lo que le pasa. Generar un espacio donde sea el paciente mismo el que va a encontrar su propias significaciones y no significaciones universales.

    Podemos pensar que se pone en juego un deseo, pero no cualquier deseo, sino un deseo de saber. Si seguimos una lógica de necesidad – demanda, respondiendo a la misma (como lo hacen las ciencias médicas), no se abre la lógica del deseo de saber y el análisis queda estancado. Para que haya una demanda de saber, el sujeto se debe involucrar en su propio discurso, es decir, pasar de una posición objetiva a una posición subjetiva. Es ahí donde vemos una demanda de análisis en el sujeto, un despojo de los discursos universales. Que a su vez, recibir esa demanda conlleva una postura ética, como diría Miller, porque es justamente ahí donde empieza el sufrimiento singular de la persona. Es a esa demanda de saber a la cual el analista si responde, poniéndose en juego la transferencia.

    Precisamente, se trata de pasar de un síntoma clínico a un síntoma analítico, en el cual el sujeto pueda hacer una autoevaluacion, una lectura singular de su padecimiento. Empezamos a hablar de análisis cuando el sujeto no viene por las determinaciones del otro, sino mas bien por la falta en el otro.

    Es en este momento, donde el sujeto puede empezar a percibir que el analista posee un saber sobre algo, un supuesto saber. Este instante marcaria la instalación de la transferencia, sirviendo como punto de partida para iniciar un análisis, con este primer pase que el sujeto realiza.

    Que el analista le pueda decir “diga lo que quiera por mas absurdo que le parezca” es darle una garantía al sujeto de que cualquier cosa que quiera decir, siempre quiere decir algo aunque muchas veces no sepa. El paciente le supone al analista un saber sobre algo y, simultáneamente, el analista mismo le supone un saber al analizante, donde es él quien posee un supuesto saber sobre su padecer.

    Para ello, es importante que se ponga en juego la transferencia positiva, debido a que el sujeto pone en juego sus propias condiciones de amor. Pero no es amor a la persona, sino el amor al análisis, como también el amor al saber.

    Siguiendo la linea del discurso del analista, este se posiciona como objeto causa de deseo, que colocando una pregunta o un interrogante, apunta a la división del sujeto. Este movimiento produciría un significante nuevo, un punto de partida a otro discurso.

    Hasta este momento, podríamos decir que estamos introducidos dentro de la clínica estructural. Por lo tanto, es importante que entren en juego las entrevistas preliminares, ya que permiten captar una aproximación de la estructura o posición subjetiva que el sujeto posee. Las entrevistas preliminares son un tiempo de escucha y de clínica, en el cual no hay que apresurarse por el diagnóstico. Es crucial en este momento poder discernir si el sujeto tiene certeza o vacilación con respecto a la causa de lo que le sucede, para así, acercarnos a una posible estructura neurótica o psicótica. Si el sujeto posee la certeza de lo que le sucede, podríamos estar hablando de una psicosis y para ello, Miller sugiere adquirir cierto conocimiento particular, sobre todo en las prepsicosis o psicosis no desencadenadas.

    Es importante destacar, que la lectura psicoanalítica desde la tripartición neurosis, psicosis y perversión es útil e importante, pero no es la única. Lacan en su última enseñanza señala su interés por lo que denomina “nudos borromeos” y su utilidad en psicoanálisis. Ello no implica que las referencias estructurales que Lacan ha mantenido a lo largo de su enseñanza sean descartadas. Lo fundamental en esta última parte de la enseñanza, seria apartarse un poco de esta tripartición convencional, ya que aunque su consideración sea valiosa, adherirse a ella podría conducir a un enfoque psiquiátrico mecanicista. El objetivo no radica en establecer un diagnostico preciso, aunque en ciertos casos sea necesario, sino mas bien en resaltar rasgos singulares. El psicoanálisis propone operar desde la posición subjetiva, buscando lo excepcional en cada sujeto en lugar de enfocarse únicamente en lo común que tienen todos ellos.

    Como se dijo anteriormente, Lacan en su última enseñanza introduce lo que se llama “la cínica de borromeo” en el cual incluye esta una nueva lectura. En esta clínica incorpora tres anillos entrelazados compuesto por los tres registros RSI, de tal manera que si uno se desengancha, todos los demás también se desenganchan. Asimismo, introduce un cuarto nudo, el sinthome, un arreglo que funciona como estabilizador. Este sinthome no es una formación del inconsciente, ni un retorno de lo reprimido, ni tampoco un mensaje a develar como el ejemplificado anteriormente: “yo soy argel”, sino más bien, que este sinthome funciona como enganche.

    Para ilustrar este último punto, se traerá a colación como mero ejemplo a un reconocido actor en el ámbito televisivo, que voy a nombrar M. M es conocido por su notaria similitud con Michael Jackson, en el cual se sometió a incontables cirugías estéticas para acercarse lo más parecido a este cantante. M llevó a cabo una transformación completa de su propia imagen para convertirse en otra personalidad, con el fin de adoptar la identidad de este famoso cantante. En gran parte del tiempo, se identifica como Michael Jackson y no como M. Además de las intervenciones quirúrgicas, esta metamorfosis de su persona incluye la adopción de la vestimenta, gestos y forma de comunicarse que caracterizaban a Michael Jackson. Lo mas intrigante es como la sociedad respalda y aprueba esta asombrosa transformación.

    Posicionándonos desde la clínica borromeo, podríamos pensar que hay uno de los redondeles que no logra consistencia precisa. La experiencia particular de M con respecto a su imagen e identidad, puede interpretarse como un desenganche en lo Imaginario y, justamente, esta metamorfosis que realiza transformándose en la figura de Michael Jackson, es un arreglo. En este sentido, tal como sucede en el caso Joyce de Lacan, la transformación de su figura en Michael, la nominación y la aprobación que la sociedad le atribuye, M puede logra construirse un ego.

    Es un saber hacer en el cual se da una nueva identidad, en esta especie de artificio se construye un ego que suplanta lo que falla. Este ego que construye a partir de su cambio, sería la reconstrucción (o el enganche) de lo Imaginario que M puede lograr realizar, es decir un cuarto nudo. Además, es importante destacar el papel que juega el lazo social en este caso, debido a que los otros quedan maravillados de su transformación y es aceptado por ellos. Por ende, gracias a esta aceptación, es que lo incluyen e invitan a diversos programas de televisión donde M se siente parte. Es así, que M puede realizar una suplencia como intento de arreglar esa falla en lo Imaginario.

    En este sentido, podría afirmarse que esta transformación radical puede considerarse como un sinthome, un arreglo que M lleva a cabo para mantener su psiquis estabilizada. Además, M se identifica con este sinthome, en el cual, no es un síntoma como compromiso, ni un retorno de lo reprimido, sino más bien, se trataría de una nueva manera de gozar.

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    En el cierre de este trabajo, decidí incorporar una cita e ilustración del destacado escritor Ítalo Calvino tanto en la portada como en la descripcion, ya que resonó de manera significativa con lo trabajado a lo largo de la cátedra. Al reflexionar sobre el 'infierno' al que Calvino alude, podemos conceptualizarlo como el goce intrínseco que cada sujeto lleva consigo, un 'infierno' del cual resulta imposible eludir. Este goce, que amalgama tanto satisfacción como sufrimiento, se presenta como una experiencia inmutable, carente de arreglo aparente. No obstante, la posibilidad de ingeniar recursos para lidiar con él, a través de lo que podría ser considerado un sinthome, se revela como una vía viable. Como señala Calvino, este proceso exige atención y un aprendizaje continuo, moldeado de manera singular por cada sujeto, en el uno por uno. No podemos liberarnos completamente de este 'infierno', pero sí tenemos la capacidad de ingeniárnosla. En otras palabras: es un goce que no tiene arreglo posible, sin embargo es posible arreglárselas frente a él.

    En este contexto, el psicoanálisis emerge como una herramienta vital, operando en la posición subjetiva del sujeto frente a su propio goce. Asimismo, la figura del analista no queda excluida, ya que puede funcionar a su vez como un sinthome, como un arreglo. El lazo social, entonces, se erige como un terreno fértil para la constitución de dicho arreglo, permitiendo al sujeto habitar de manera más 'armónica' con su goce, donde pueda justamente, pasar a otra cosa.

    Psicopalabras

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