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    Podía oír la melodía del mar. El sol proyectaba sobre las olas, sus más profundos deseos y yo sólo podía percibir el aroma a rosas que me rodeaba. Su mirada, su naturaleza infinitamente perfecta en lo imperfecto, sobresaltaban mi corazón locamente enamorado.

    Mis huellas se dibujaron en la arena y, las rosas que florecían a mi alrededor, se unían a la pureza del agua y decoraban la magia del universo del atardecer, tan sólo una tarde más. En ese instante, él me tomó de la mano, una ráfaga brillante de luz dorada nos envolvió y nos elevó hacia los caminos de rosas que yacían hacia la eternidad. Cerré mis ojos, mis mejillas se acaloraron y sus caricias me elevaron hacia los deseos de amor más puros de mi alma.

    Abrí mis ojos y descubrí que el sol iluminaba de ráfagas rojizas el cielo, pero aquello que me rodeaba había sido conquistado por hermosos pétalos de rosas que navegaban por la inmensidad de los océanos. Junto a ellos, una estrella de mar, frente a mi gran amor, el horizonte colorido y en nosotros, un atardecer de eterna dulzura.

    La victoria de un amor, en el poder de las rosas del sol.

    Agus Chiera ✨🌹

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