Rómpeme la lengua
que la tengo roja,
a tu madre y a tu padre los abrazo,
coge mi coche
para volver del trabajo,
un níspero gris creció en nuestra poza.
Acabado cromado
en chaqueta vieja,
bandas militares, maridos, rabietas.
Tuve un sueño
en el que hablé contigo.
Estabas contenta, teníamos sentido.
Y no eras tú.
No lo eras, ni tú tampoco.
Tuve un sueño con ropa cenicienta
en el que me vestías tú
y me dejabas sin atuendos.
Tú, que soy un ciervo a tu vista
que supongo que se congela,
una pantalla sucia de un móvil nuevo.
Yo que soy para ti lo que no eres tú.
No contaba yo
con palabras huérfanas
y si con tu cuerpo y contigo
de pie, erguida, apegada al mío
en la Plaza Vieja.
Para todos soy el mismo
hasta que pierdo el cargador.
Y me aferro a la vida
como la Isleta a su tierra.
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