mobile isologo
buscar...

16 velas

Mar 14, 2026

191
16 velas
Empieza a escribir gratis en quaderno

Yo sé que lo fusilaron el 17 de Enero de 1918, pero si estuviese acá lloraría. Lloraría por sus hijos y sus hijas. Como no está los lloro yo.

Lloro de dolor al escuchar sus verdades, y de alegría al verlos encontrar nuevas. Lloro cuando recién llegan, escupiendo negro. Lloro al conocerlos, pero más lloro al conocerlas, porque sé que conocemos las mismas verdades. Cada vez que una llega, cada vez que hay una menos afuera, lloro de esperanza, de alivio. Cuando nos hermanamos lloro por todas. Y cuando se desnudan, lloro por cada una mientras las abrazo.

Lloro cuando recuerdan sus tormentos, se les ve en la cara. Lloro cuando me los cuentan, porque hasta el mismo diablo lloraría. No se dan cuenta, pero en cada desayuno, cada merienda o cena yo las mido, las miro. Presto atención a cómo y qué fuman, a cómo les gusta el mate o si toman té solo o con leche. Sé con cuántas de azúcar lo toman. Sé por qué lloran, cuando ni ellas lo saben. Cuando lo hacen, y me lo comparten bajo guardia de la luna y cerca de huesos, lloro. Todavía estoy acá.

Lloro cuando se van y más lloro cuando vuelven. Lloro porque es un mundo de mierda afuera, y este es el lugar donde deben de estar. Lloro cuando caen, caen y recaen. Lloro cuando siguen en pie. Porque no es fácil, porque no sé si podría. Lloro cuando al salir del confesionario del fondo se decantan hasta secarse, porque se creyeron tan vivas de poder tolerar su realidad. Junto cada pedacito, hasta los que se salen del caminito, les doy un pañuelo y vaso de agua mientras les seco sus lágrimas. Ellas también lloran.

Lloro cuando coquetean con el exterior. Cuando intentan, de a poco, ser ellas. Lloro de alegría, porque sé que pueden. Lloro de egoísta, porque sé que las voy a perder. Lloro cuando hay fecha, mientras festejamos y fantaseamos con una vida mejor. Lloro, tanto más, porque sé que son eso, fantasías. Lloro cada una de sus fases. Y así como yo lloré las mías, sé que alguna de mis hermanas también me lloró. Sé que hay una pertenencia leal de por vida a cada una de las personas que pasaron por el sol junto a mí.

Cada uno decidió su propia manera de buscar a Beatrice Portinari. Y en esta pagana carcajada el peor círculo es el que más nos gusta. No queremos dejarlo. Todos descendimos con una caja de bombones para darle a Hades. Lo sacamos a bailar, lo conquistamos, le rompimos el corazón y seguimos. Más abajo, más oscuro, más fondo. Hombres, mujeres, ni uno ni lo otro, todo juntos, chicos, viejos, los tuyos y los míos. Este amor no discrimina, nadie es inmune. Todos y cada uno de nosotros se enamoró, se encegueció, se obsesionó. Dejamos ser muñeca para que nos use a gusto y placer, que haga lo que quiera de nosotros con tal de tenerla. No hay familia ni trabajo ni pasión que valga más que su amor.

Lloro porque todavía estoy enamorada. A veces sueño que la veo, que estoy con ella. A veces sueño que estoy enojada. A veces espero soñar con ella, aunque sea así la veo un rato. Lloro porque es peor que un monstruo abajo de la cama y mejor que el primer beso. Es mi redentora y verduga. Con ella soy dios. Lloro porque, por desgracia, nunca va a volver a ser así. Lloro porque, por suerte, nunca va a volver a ser así.

Es el amor de mi vida, la mujer que más amé y voy a amar, razón de mi existencia entera. Por ella me batí a duelo conmigo misma y perdí, me maté, me acribillé, me destrocé y me velé a cajón cerrado.

Lloro porque ella me espera a que vaya corriendo a buscarla. Yo sé que no voy a ir, me convenzo. Yo sé que quiero ir y volver a morir, me confieso. Sé dónde está aunque se esconda y no necesito su número borrado, conozco los lugares que frecuenta y cada uno de sus amigos en este pueblo enfermizo. A veces miro para otro lado y me permito fantasear con ella. Que la encuentro, que estamos juntas de nuevo. El vacío en el pecho cuando se va. Ella me completa.

¿Y si quiero seguir en el mismo infierno? ¿Y si no quería dejar de gobernar el Inframundo? Sí quería, me recuerdo. No, no la amo. O la amo, pero no la elijo. Tendría que matarla y en su velorio ver cómo la entierran y bailar en tetas sobre la tierra recién escarbada para no volver a tentarme en verla. Lloro porque sé que escarbaría la tierra con las manos con tal de compartir un segundo de esta penosa y vacía existencia con ella. Quizás soy yo la que tenga que morir.

Lloro al pensar que lo único que me queda es una vida mediocre: sin placer, sin amor, vacía, con ocupaciones banales como pagar la luz o tomar un café decente. Yo aspiro a otra cosa, a ella. Lo único a lo que aspiro. Ella y yo. Lloro al saber que nunca más lo voy a tener.

Mi deseo gestado en lo más atómico de mi vientre era morir con ella. Juntas hasta lo último. Tuve que dejarla, cuando por ella casi matan a mi hermana, ya no éramos solo ella y yo.

Si a él no lo hubiesen fusilado y estuviera acá también lloraría. Pero él se portaba bien y no para por acá.

Por suerte estoy yo que me enamoré y tuve el placer de conocer a los amantes malditos que buscan junto a mí en el sol un ascenso. Yo casi llego a la tierra, me falta poco. Aunque tengo mis dudas: quizás este romance no termina acá y estamos destinadas a estar juntas. O quizás solo son delirios de un sábado a la noche.

Catalina Hiriart

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión