Camino por la calles de Miraflores. No me molesta el tiempo a solas, no me incomoda la soledad. No me apetece mostrarle la cara a los demás. No busco la mirada de alguien. Estoy hecha para mí. El efecto del café llega a la etapa donde baja a mi corazón y lo sacude: <<Vamos, suéltalo>> No tiene mucho que decir. El papel nos ha acogido todo este tiempo. No queda lutos por confesar. Tal vez por la propia naturaleza del tiempo, queda algo todavía por sentir. Me entrego. Soy de agua y siendo agua moriré. Que me atraviese lo que tenga que atravesarme, aquí estoy. No tengo apuro, no deseo detenerme. Aquí estoy. Cruzo la calle vacía y me encuentro. La que temblaba de miedo por la incertidumbre. La que no podía seguir poniendo el cuerpo a la merced del amor. La que quería huir del rechazo. La que daba un paso adelante y dos hacia atrás. La que erq un manojo de muertes y nacimientos. Te recito unos versos, te invoco en la ficción. Los restos de tu recuerdo me tocan. No queda mucho por recordar. Ansío porque creo que espero. La fuerza humana no es suficiente para moverme hacia ti pero es imposible cerrar la ventanita que empuja mi pecho a esperar.
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