Mi dolor no era irme.
Tampoco despedirme.
Mi dolor empezó una noche de abril,
cuando me encontré sentada en la oscuridad,
llorando completamente rota.
Ahí, en el silencio,
escuché otra vez ese vacío susurrando:
“hola de nuevo”.
El piso parecía congelarme sin piedad
mientras yo me desangraba por dentro
con el golpe frío de la caída.
No, no me dolía que no te quedaras.
No me dolía despedirme.
Me dolía el ahora.
El reencuentro con esa parte de mí
que juré no volver a ver nunca más.
Mi depresión se reía en mi cara,
como si hubiera estado esperándome,
como si dijera:
“dijiste que no ibas a volver”.
Me dolía juntar cada pedazo roto
para llegar hasta vos
y escuchar:
“perdón, no supe amarte”.
Me dolía volver completa
solo para terminar destruida otra vez.
Y entonces entendí
que alguien sí se había despedido.
Pero no eras vos de mí.
Era yo de mí misma.
¿Quién volvió aquella noche?
¿Quién escuchó el golpe de la caída?
¿Y quién iba a juntar los pedazos
que quedaron de mí?

Lujan Coronel
Soy algo tímida, busco plasmar lo que siento de cada experiencia vivida para poder liberarme un poco del caos constante de mi cabeza.
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