Hoy nadie le habló, ni ella ha pedido presencia alguna. Nadie ha invocado su recuerdo ni ha querido compartir su desdicha —o su dicha— con ella; con esa loca que jura tener tintes poéticos y se cree la nueva Pizarnik. Piensa que así saldrá de su pueblo para, por fin, ser alguien notable, amada y admirada.
Ya no busca el amor de sus padres; esa etapa donde se desvivía por una migaja de atención paternal ha quedado atrás. Tampoco busca capturar la mirada masculina, pues descubrió que es una atención tontorrona y simplista: los hombres piensan en pocas cosas y ella es todo menos “poca cosa”. Al medir 1.74 y usar siempre tacones de diez centímetros, el término “poco” solo lo utiliza para referirse a dos aspectos de los hombres: a su pensar y a su pen(e)sar.
Ella solo quiere capturar a las masas; que por fin volteen a verla y digan: «Es fea y mal hecha, pero escribe bien». Que no la miren solo con repudio, lástima o infortunio. Porque con ella, el dicho de que «Dios no castiga dos veces» no aplica. Ella es una loca que se siente mujer y hombre al mismo tiempo; una fiel amante de los varones —vaya error amar a esos seres, pero ya se dijo que está loca—. Además es pobre, morena, de izquierda y obrera: todo aquello que el mundo (de derecha) más detesta.
¿Quién querría platicar con una mujer así?
No los culpo por no interesarse en tener un vínculo con aquella mujer. Ya que al final ella no tiene nada de que hablar, y ante eso solo queda el silencio; es mejor no decir nada a decir sandeces para probar que existe, que la única prueba de su existencia sea el vacío de su presencia y no la incomodidad de un encuentro forzado.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión