mi propio padre, que estás bajo tierra,
tu cuerpo lascivo ya no es ni un suspiro.
no honré tu nombre.
no eres santo,
más bien un vil pecador.
venga a mí tu amor,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad
así en la tierra como en el cielo.
y el miedo me invade;
el peso de mis palabras me corrompe.
pero Padre, si me oyes,
si estás ahí,
si es posible, Padre, escucha mi corazón.
dame hoy,
o el día que consideres que mi alma pueda soportarlo,
la ternura que pido,
la ternura que anhelo.
perdóname, Padre.
perdona cada error que quebrantó mi pureza.
cura en mí el día en que mi cuerpo tierno perdió su inocencia.
perdóname, Padre,
y hazme grande
para yo también tener piedad,
propia de ti,
ajena a mí.
no me dejes caer en tentaciones
que solo al cuerpo le incumben,
que los huesos del alma corroen.
líbrame de todo amor deshonroso y ruin.
amén.
para mi amor ahora,
para mi sol después.
Padre mío, he pecado.
he deseado vehementemente actuar para mi único amor,
para el verdadero.
“quiero comprar un barco
y bautizarlo en honor al sol.
deseo conquistar nuevas tierras con él,
predicar la religión de su ternura.
anhelo construir una iglesia;
cada campanada que suene
será un «te quiero».”
perdóname, Padre,
por pronunciar el nombre de otro
que considero santo
con más devoción que el
tuyo propio.
perdóname y hazme grande,
que impura vengo sola.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecito
cordero indefenso
hoy te extraño mucho más que cualquier otro día, pero al menos hoy no lloré, no sé qué estarás haciendo, hace frío y está nublado, espero que estés bien. todavía te amo. todavía
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión