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Feb 10, 2026
Nadie cambió nada desde la comodidad. Nada grande nació del silencio.
La historia siempre avanzó así, a fuerza de incendios necesarios. Alejandro cortando el nudo gordiano porque desatarlo ya no alcanzaba; Cortés quemando las naves para que no existiera la tentación del regreso; los revolucionarios entendiendo que algunas puertas, una vez cruzadas, deben sellarse para siempre.
Quiero esa radicalidad. Soltarlo todo. Dejar que lo viejo arda aunque todavía duela. Porque aferrarse también es una forma lenta de morir.
Estoy hambriento por vivir. Ya no quiero medias tintas ni futuros condicionales. Quiero el riesgo, la intemperie, el vértigo de no tener retorno.
Porque, carajo, si alguien va a quemar los barcos, a apostar el cuerpo entero y avanzar sin mirar atrás, ese soy yo.

Vástago del infortunio;
No pertenezco a los días mansos ni a las palabras dóciles; fui engendrado en la intemperie del recuerdo.
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